Trauma Crónico

Mientras tomaba su café matutino pensaba a los sucesos acontecidos recientemente. Las imágenes quedaban grabadas en su mente como tantas otras que habían llenado su infancia con pesadillas. ¿Infancia? No creía haber tenido una, en el sentido estricto de la palabra. Ni en ningún otro sentido, para ser honesta.

La gente alrededor de ella esperaba ver signos del efecto post traumático y ella se estaba esforzando para mostrar algo que no estaba allí. Por más horrible que hubiera sido su experiencia, había atravesado momentos en su infancia con mayor carga de violencia, tanto emocional, psicológica y física. Ya estaba marcada. Esos signos de trauma se habían hecho cicatrices. Heridas de guerra que pulsaban y dolían a veces pero que no dirigían su vida, como hace un tiempo atrás.

No le gustaba pensar en el pasado, admitía a si misma mientras observaba el lento levantar del sol en esta amada y odiada ciudad. Los colores eran bellos y llenaban su corazón de una melancolía y nostalgia que pesaban en su ánimo. Alegría y tristeza a la vez. No había nada que extrañar del pasado, pero no podía ni quería dejar atrás a la persona que más había querido a pesar de la pena vivida, su padre.

Desechó ese pensamiento de su mente, por el momento mientras sentía a su pareja hablar por teléfono. Se sonrió. Su vida estaba llena de amor gracias a él y a sus dos pequeños. Por más que hiciera lo que hiciera, nunca iba a llegar a demostrarle cuanto él había cambiado su vida. El amor sana tantas heridas y nunca había sentido este enorme placer de escuchar una voz. El aire de nostalgia se fue yendo mientras él llegaba a la cocina donde sabía que ella estaba, saboreando su infaltable café cargado e intenso. Un beso y una sonrisa canceló todo de su mente. El dolor desapareció mientras sus labios tocaban dulcemente los suyos. Magia.

Terminó su llamada rápidamente. Quería pasar unos minutos con ella antes de irse. La había sentido lejana esta mañana mientras se ponía su bata y se dirigía a la cocina. Decidió dejarle unos momentos de soledad, si era eso lo que necesitaba, pero no así tanto para que esa soledad se instalase en su corazón.

Ella le sonrió mientras se acercaba. Siempre había una sonrisa para él. Cómo si verlo llegar fuera siempre un inesperado placer. Que embriagante era la sensación de ser así importante en la vida de alguien. En la vida de ella. Impagable, pensó, mientras acercaba su boca a la de ella. Un beso suave, no invasivo pero lleno de emoción. Se separó por un momento y la miró a los ojos, la acercó a él por un instante y la besó nuevamente. La trajo de vuelta a su mundo, se dijo, mientras se alejó desganadamente de ella. Estaba con él, y su mirada cambió, había placer y pasión en ella. No importa cuanto lejos estés de mí, pensó él, siempre voy a encontrar el modo de traerte de vuelta a mi mundo, a nuestro mundo. Había también cosas malas en este mundo, pero al menos se tenían el uno al otro. Lucharían juntos con amor y esperanza por un futuro mejor. Ya de por sí, el presente era un regalo maravilloso.

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