Amaneciendo

Levantarse temprano a la mañana tiene su lado positivo. La quietud y la oscuridad me tranquilizan. No hay casi ruido, el bullicio está lejos de mi mente.
No es que sea una opción para mí, mi cuerpo dice basta sueño a un cierto punto y después ya resulta un trabajo de voluntad el intentar dormir un poco más. Hay veces que logro conseguir media hora más de sueño, pero a este punto me pregunto si no tendría que respetar el ritmo natural de mi cuerpo en vez de luchar contra él.
Levanto la cortina y veo afuera el piso mojado, por la humedad o por la lluvia. No hay ningún movimiento ya que la ciudad está todavía durmiendo y eso, de una extraña manera, me hace sentir en control. Es difícil de explicar. A esas primeras horas soy yo, no hay ninguna contaminación humana. Solo yo y mi mente somnolienta.
Quizás después de todo levantarme temprano sea una bendición disfrazada. Un regalo inesperado

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