La insistencia no es siempre la respuesta correcta

No era tanto el dolor como la sensación de soledad y vacío. Si, era eso que la llenaba, el vacío. Había buscado ella esta relación, la había alimentado de sueños, sonrisas y ternura enfrentando así el escepticismo, la sobriedad y la dureza de él. Una lucha de voluntades así fuerte, así sin tregua, que la había dejado sin fuerzas. No solo no había ganado nada, pero quizás hubiera perdido hasta las ganas de amar. Apenas con fuerza para poder recoger los pedazos de su ser. Y para qué, se preguntaba sin cesar. ¿Cuál era el punto de tanto trabajo? Quizás era ese su estado natural, el estado en el que se suponía que ella debería estar. Luchar para poder dar a esa persona lo mejor de ella, y quizás él no hubiera necesitado lo mejor, sino también lo peor. Pero ¿porque lo que él necesitara tendría que ser más importante o tomar precedencia sobre lo que ella necesitaba? .Que triste cuando nuestro amor o nuestro modo de amar es ridiculizado y rechazado.

Dar ese amor que no había podido dar a nadie era más apremiante que el recibirlo. Y era eso exactamente lo que él había hecho. No la había dejado amarlo. Hubo momentos, si los hubo, en los que la armadura se resquebraba y ella lograba sentir y hacerle sentir amor, pero no fue suficiente…su amor no logró curar las heridas del pasado.

El continuaría su vida, quizás con alguna nostalgia por lo vivido, pero sería no a fuerza que su corazón se abriría, quizás un toque sutil lo lograría, quizás el toque de la persona justa. Y esa persona no era ella.

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