La Tormenta

Ella no se daba cuenta del efecto que tenía en él. Estaba feliz de estar juntos y se alegraba de amanecer al lado de ella, pero se negaba firmemente a dejarle ver cuanto la necesitaba. No era por orgullo, o quizás sí,pero él que siempre pisaba fuerte ahora se sentía inseguro de compartir sus sentimientos. No tenía dudas de que ella sentía lo mismo que él, pero era como una especie de derrota admitir que estaba loco por ella y que nada ni nadie en su vida había tenido tanto peso en su corazón.

Quizás el punto era que había creado su vida con el único propósito de no necesitar a nadie. Una autonomía personal y emocional que lo resguardaban del sentimiento de abandono que albergaba desde niño. Había tenido un par de relaciones estables que con el tiempo lo habían aburrido y en las que su corazón nunca había sido expuesto. Alguna que otra relación casual, pero al final siempre sacaba la conclusión que quizás estar en pareja no era para él.

Y entonces Ella llegó. De repente, pero a la vez suavemente. Su calma no era sinónimo de debilidad y su continua presencia desde aquél momento en el que se encontraron sus miradas hablaban de una firme resolución a tenerlo en su vida. Sus miradas luminosas, ese modo de sonreír que lo habían enceguecido hasta el punto en que tuvo que rendirse a la evidencia.

Ser honesto y admitir ante ella que sus sentimientos eran correspondidos era algo que le causaba terror. Si, terror era lo que sentía.Podría perderla y entonces que sucedería. Esa vida que se había construido con mucho sacrificio y tenacidad y la cual le había dado grandes satisfacciones personales, de repente no valdría nada si ella no estaría allí a compartirlo todo con él. El enorme vacío que sintió en sus tiernos años cuando fue abandonado por sus padres, volvería con fuerza y llenaría su vida de soledad otra vez. Se había prometido no necesitar nada ni a nadie para vivir desde entonces.

Hasta este momento no se había dado cuenta que lo que él había hecho hasta ahora era sobrevivir, no vivir, Con ella había aprendido a vivir en plenitud, en serenidad sabiendo que ella estaría allí, en la casa que había transformado en un hogar para los dos. Admitirlo sería cómo darle el puñal porel mango, darle la llave para destruirlo.

Esta noche la miraba dormir plácidamente en sus brazos y la duda lo atormentaba. De repente ella le tomó la mano en sueños y entrelazó sus dedos con los suyos y así suavemente alejó las dudas que nublaban su mente ycorazón y en ese instante él obtuvo su respuesta. Amor y Esperanza son la misma cosa, no pueden existir separados, tal cual como ellos dos. Cerró sus ojos y la tormenta ya había pasado.

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