Libertad de elecciòn

Hay veces que no se puede evitar tomar partido. Las opciones son malas o son expuestas para competir cual es la peor. Aunque te des cuenta que es un juego entre partes en el medio de cuales vos vas a ser el perdedor seguro no puedes substraerte a tu derecho y deber de tomar una decisiòn. No tanto por el resultado de dicha elecciòn sino porque el proceso de elegir es un regalo precioso que en muchos lugares y en tantas siuaciones no se viven.

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Toma el control

En un mundo así veloz y cambiante con tanta información llegando y yéndose nos sentimos incapaces de tener un cierto control sobre nosotros mismos. Es como si las cosas nos sucedieran sin que tuviéramos el mínimo poder de decisión.
¿Qué es lo que entra en nuestros pensamientos? ¿Cuáles son las cosas o emociones que se quedan grabadas durante nuestro día? Todo lo que está afuera está empujando constantemente por un espacio en nuestra vida y en nuestra mente. ¿Quién puede mantener un equilibrio sano cuando estas tirado en tantas direcciones? ¿Qué tiempo tenemos para reflexionar en lo sano de dejarnos llevar por la corriente?
Es difícil parar y darse un momento o quizás hasta mas de unos minutos para reflexionar y para separar las actitudes y decisiones sanas de las no tanto. Sí, podemos decidir y muchas veces nos olvidamos de que somos nosotros los que estamos en la puerta que permite o no la irrupción que varias actividades o personas nos provocan. No todo es nocivo, estar comunicados y dar una línea de llegada a los que pueden necesitar de nosotros en una auténtica crisis o emergencia es algo para lo cual debemos tener siempre nuestra puerta abierta.
Lo que tendríamos que evitar es no ejercer control alguno e ir viendo de acuerdo con la llegada de las problemáticas o interferencias que se nos presentan en nuestro día a día. Esa táctica, no es una táctica en sí. Es delegar a la fortuna y a las circunstancias externas que decidan por nosotros.
Tener un plan acerca de nuestros días e incluso semanas, incluyendo en él, periodos de descanso, de placer y de reflexión junto con actitudes y comportamientos de no aceptar, como regla general.
Si no moldeamos nuestra vida, o al menos intentarlo, vamos a sentir como si fuéramos arrasados por ella como hojas muertas que vuelan en la dirección que el viento sople. Por supuesto que hay imprevistos y como son parte de la vida de cada uno, tenemos que aprender a gestionarlos cuando estos se presenten, pero eso no es una excusa para no tener una guía o un pan para nuestras vidas.
No hay nada mas lindo que al fin de nuestro día o nuestra semana y ver que alcanzamos la mayor parte de nuestros objetivos. El orden y la constancia generan buenos resultados y cuando aun asi no los tengamos, ya que es un proceso que toma tiempo, siempre podemos aprender de nuestros errores y tomarlos como lecciones que nos ayudaran a crear un plan mejor. El sentirse satisfecho y capaz es algo que genera un bienestar en tu propia piel que pocas cosas pueden igualar. Planea y se tolerante contigo mismo, ajusta tus objetivos y tus rutinas y paso a paso construye tu vida sobre tus propias decisiones y no sobre lo que los demás pretenden o exigen de ti.

Lo Desconocido

No era fácil para ella pensar y reflexionar sobre su infancia. La llevaba a un rincón oscuro e incierto de su vida del cual todavía no podía elucidar cada detalle.Los hechos estaban cómo en medio de una nebulosa en la cual no podía distinguir la realidad de la fantasía. Tener una imaginación hiperactiva no ayudaba a esclarecer las cosas y a veces le parecía que lo que los demás contaban acerca de su infancia fuera mas certero de lo que ella misma recordara.

Era una maraña emotiva la que quizás le impedía ver la realidad o una falta de valor para poder correr ese velo y enfrentar lo que allí había.

Pero quizás ese fuera el punto. Quizás no había absolutamente nada detrás de ese velo, y eso de cierta manera era mas aterrorizador que cualquier alternativa.

Todo ese tiempo perdido tratando de descifrar un enigma que no existía. Hechos traumáticos que nunca habían ocurrido, palabras que jamás habían sido dichas.

Relatos que su imaginación o subconsciente quizás habrían creado para entretener esa mente intranquila e impaciente a la cual la realidad no bastaba.

Palabras que sanan

Escribir siempre me ha gustado. Desde que era chica tenía una buena relación con la escritura y con la lectura. Me permitían hacer tres de las cosas que más me gustaban a la época, estar sola, explorar otras realidades y aprender.

Hoy, como parte de una terapia escribo día a día en un diario. No solo transcribo las cosas sucedidas sino también emociones, frustraciones, sobre mis miedos y sobre mis planes. No sé porque me sorprende que este habito tengo un efecto catártico sobre mí.

Después de escribir y descargar mi estado mental y emotivo sobre el papel siento que el peso que llevo se alivianara un poco. Tiene un efecto casi sanador me atrevería a decir.

Cuando hay cosas que por diferentes motivos no te atreves a decir en voz alta o que te pone en estado de ansiedad el compartirlas y luego las escribo sobre mi diario, es como si las exorcizara, sacándoles asi una parte de ese poder que tiene sobre mí.

No tendría que sorprenderme este efecto ya que siempre tuve una estrecha afinidad con las palabras escritas, siempre me resulto más fácil expresarme a través de la escritura que con mi propia voz.

Estoy aprendiendo en más de un sentido que las palabras sí tienen un peso y me siento agradecida de poder ser testigo del poder sanador que tienen cada una de ellas.

Rutina

Instalar una nueva rutina no es algo fácil de hacer nunca, tanto menos cuando uno basa la propia seguridad y bienestar en esas pequeñas tareas rutinarias. Uno encuentra un punto de equilibrio en un mundo muchas veces caótico. ¿Y que hace uno en esas circunstancias? Lo ordenamos. Sí, ponemos orden para poder crear una relación simbiótica y no de contrasto con lo que nos rodea.
El problema reside cuando el caos no quiere ser ordenado. Nos demanda adaptación para ampliar nuestros limites de comodidad y nuestra capacidad de aprender y asimilar. No se puede aprender nada nuevo sin sacudir el polvo a la tan querida y engañosa rutina

Blanco o Negro

La polarización de opiniones siempre me ha resultado un error común en la sociedad de hoy. La verdad está de un lado o está de otro. Esas son las opciones. Elige una.

No quiero caer en el “la verdad está en un punto medio” ni en otras banalidades. Hay situaciones, pocas, en las que podemos decir con firmeza que la verdad está en una cierta posición, un ejemplo sería el estar netamente contrario al horror del holocausto.

Defender a ultranza un partido político asegurando que va a ser la salvación de un pueblo, me parece no solo exagerado sino también peligroso. Es como “darle” un poder al otro para que me salve.

Los gobiernos son guías que elegimos pensando en las soluciones que nos pueden ofrecer para garantizar derechos, servicios y protección. Son elegidos no para salvarnos (¿de que me pregunto?) sino para servirnos en las mejores de sus capacidades.

Bien, esto no sucede en tantos casos. Nuestras elecciones a veces resultan equivocadas (mirándolas en retrospectiva) y muchas veces las decisiones gubernamentales son no solo erróneas sino también ineficaces.

El fatalismo (y fanatismo) del hacer de una figura política o de un partido la solución de todos los problemas demuestra una pereza mental y una falta de responsabilidad sobre nuestra propia posición (individual) y nuestro impacto en la sociedad en la que pertenecemos.

El Perdòn y El Amor

Dar infinitas oportunidades no es la definición de amor. Si amas perdonas siempre, dicen. Quizás si estamos hablando del amor divino, si creemos en él por supuesto. ¿Y en el amor humano?

Alrededor mío he visto los estragos que ha causado una personalidad que creía, y quizás aún lo hace, que cuando amas perdonas una y otra vez, no importa el daño que te hagan. Es algo que me resulta difícil de entender, por más que siempre he tratado de escuchar para entender razones. Es más fuerte que yo, si amas, no humillas, ni insultas o menosprecias a alguien. El amor implica otros comportamientos.

Nunca fui capaz de entender el “me quedo porque lo amo” y “él hace también tantas cosas buenas por mí”. Al escuchar cosas como estas me hacía hervir la sangre. No podía, en absoluto, entender como una mujer inteligente, capaz y linda se sometía ante una situación del genere.

Más de diez años en esa relación estuvo y pasaron cosas muy feas en el medio. Y aunque quisiera ser el tipo de persona que entiende y ofrece apoyo emotivo, no puedo evitar de sentir rabia, ante la persona que le hizo daño a un ser querido y también ante la persona que se dejó dañar. No me siento orgullosa de sentir así, pero hay una pequeña parte de mí que piensa “podrías haber salido de esa situación antes, tenías opciones, tenías seres queridos que te habrían apoyado”.

Hoy está bien, se podría decir, pero las secuelas del maltrato quedan. Todavía no quiere entrar en una relación nueva, pasaron años ya, porque piensa que es ese el tipo de persona que atrae y no quiere volver a vivir algo similar. Eso me da rabia también, ya que veo una persona que es así gentil, paciente y fuerte a la vez, que esta dotada para estar y para formar una familia y que ya perdió la esperanza de poder hacerlo a causa de él.

Es un desperdicio ya que no conozco a nadie más adapta a formar una familia propia que a ella. Sé que es un tema doloroso, por eso trato de no sacarlo, no quiero causarle más daño del que ya recibió y también por una segunda razón, tengo miedo de no poder contener mi rabia y que sea ella quien la reciba.

Solo me queda desearle desde el fondo de mi corazón que el amor la encuentre y que cure sus heridas, al lado de una persona que le enseñe lo que es de verdad el amor. Pero antes que todo, tiene que aprender a amarse a si misma del mismo modo e intensidad con la que ama a los demás. Al amor que sentimos hacia los otros no precluye el amor y el respeto a sí mismos.

Festejos

Nunca fui una persona que le guste festejar y por eso me resulta difìcil crear un ambiente de festejo y promover la alegrìa. Nunca habìa realizado cuan difìcil es hasta que le preparè la fiesta de Cumpleaños para mi mamà. Para ser màs claro, planifiquè todo el dìa, querìa que fuese feliz en ese dìay que no estuviera pensando en cosas tristes.

Desde que mi papà muriò casi dos años atràs, està sumida en la tristeza. Al inicio era màs que doloroso verla sufrir de esa manera pero paulatinamente las cosas mejoraron. La procesiòn va por dentro, lo sè, y hay momentos que veo su extrema fragilidad desde que papà no està entre nosotros. Èl era la fuerza de esa relaciòn y al verla asì dèbil decidì con la ayuda de mi papà querido (si, el continua a ayudarme, y siempre lo harà) me vino la inspiraciòn a preparar todo un dìa dedicado a ella.

No fue fàcil, mi temperamento taciturno me juega en contra y mis enfermedades crònicas no ayudan, pero la voluntad de hacerle pasar un lindo y feliz dìa era mi meta.

Hoy, un dìa despuès, mi madre se sentò al lado mìo y me dijo ” Gracias”, “Ayer la pasè muy bien, gracias por todo lo que hiciste”. Esa fuè mi recompensa. Valiò la pena. Ella la pasò feliz y mi papà de seguro està sonriendo.

El Mar

El mar escondía sus secretos. Iba allí cada vez que podía. Especialmente en el aniversario del evento. No muchos lo entenderían por eso era algo que no contaba a los demás.

Sentía una mezcla de alegría y tristeza. Allí estaba su amada. Cómo un enamorado mas no podía evitar la excitación y alegría de correr hacia lo que mas amaba en este mundo y a su vez un profundo dolor al no encontrarla esperándolo. No, ya no esperaba a nadie.

Era asi como tenia que ser. Al menos solo él, era al que iba a su encuentro. Solo él iba a venerarle en ese cementerio azul, vasto e infinito, como los ojos de ella.

Siempre la recordaba, siempre estaba en sus días, pero era allí donde conectaba de modo mas intenso con el amor impenetrable, obsesivo que sintió casi del momento en que la encontró.

Si, él era el culpable de ponerla allí. Si, él era culpable de no poder controlar el torbellino que ella causó en su vida. Todo terminaba allí, en ese mar donde la había visto por primera vez. Allí ella estaba en paz y un día, el menos pensado, él le haría compañía y juntos compartirían esa paz que no fueron capaces de construir en este mundo. Juntos, como el primer día.

A los nuevos comienzos

Las dudas te toman de rehén fácilmente. Crees que no eres suficientemente capaz de lograrlo o que el camino es demasiado arduo. Esa meta es una destinación más asequible para otro tipo de personas, no para alguien como tú.

El miedo es el que habla, no es tu pasión, no es aquello con lo que sueñas, esas voces susurran mientras la de tu miedo grita. Es más fácil quedarse en el lugar que estas. Es más fácil pensar que ese sueño es irrealizable. ¿Cuál es la verdadera posibilidad de que lo logres? ¿Para qué intentarlo no?

Pero es lo que amas, dice una voz susurrante en el fondo de tu mente. Y sonríes ante ti mismo. No se renuncia a lo que se ama. Nunca. Es morir en vida vivir sin tu sueño, sin esa pasión que atrapa tu mente y tu corazón. Es como estar muerto, bien lo sé yo.

Vivir sin entregarse a lo que amas, vivir viviendo un sueño prestado destinado más a hacer feliz a los demás que a ti mismo. Esto es morir de a poco y me he cansado de no vivir.

La sangre empieza a pulsar con más fuerza mientras planeo, mientras dibujo mi campo de batalla. Veo los obstáculos, pero aunque a veces el desanimo me invade, el placer y la energía de crear un nuevo camino para mis sueños supera esos fútiles miedos que tomaron mi vida en sus puños tanto tiempo atrás.

Puedo soñar, puedo caminar despacio hacia mi meta, disfrutando el proceso, porque es un proceso que transforma mi ser y que me permite recobrar mis fuerzas y sacar de las garras del miedo mi vida. Si, mi vida.

Trauma Crónico

Mientras tomaba su café matutino pensaba a los sucesos acontecidos recientemente. Las imágenes quedaban grabadas en su mente como tantas otras que habían llenado su infancia con pesadillas. ¿Infancia? No creía haber tenido una, en el sentido estricto de la palabra. Ni en ningún otro sentido, para ser honesta.

La gente alrededor de ella esperaba ver signos del efecto post traumático y ella se estaba esforzando para mostrar algo que no estaba allí. Por más horrible que hubiera sido su experiencia, había atravesado momentos en su infancia con mayor carga de violencia, tanto emocional, psicológica y física. Ya estaba marcada. Esos signos de trauma se habían hecho cicatrices. Heridas de guerra que pulsaban y dolían a veces pero que no dirigían su vida, como hace un tiempo atrás.

No le gustaba pensar en el pasado, admitía a si misma mientras observaba el lento levantar del sol en esta amada y odiada ciudad. Los colores eran bellos y llenaban su corazón de una melancolía y nostalgia que pesaban en su ánimo. Alegría y tristeza a la vez. No había nada que extrañar del pasado, pero no podía ni quería dejar atrás a la persona que más había querido a pesar de la pena vivida, su padre.

Desechó ese pensamiento de su mente, por el momento mientras sentía a su pareja hablar por teléfono. Se sonrió. Su vida estaba llena de amor gracias a él y a sus dos pequeños. Por más que hiciera lo que hiciera, nunca iba a llegar a demostrarle cuanto él había cambiado su vida. El amor sana tantas heridas y nunca había sentido este enorme placer de escuchar una voz. El aire de nostalgia se fue yendo mientras él llegaba a la cocina donde sabía que ella estaba, saboreando su infaltable café cargado e intenso. Un beso y una sonrisa canceló todo de su mente. El dolor desapareció mientras sus labios tocaban dulcemente los suyos. Magia.

Terminó su llamada rápidamente. Quería pasar unos minutos con ella antes de irse. La había sentido lejana esta mañana mientras se ponía su bata y se dirigía a la cocina. Decidió dejarle unos momentos de soledad, si era eso lo que necesitaba, pero no así tanto para que esa soledad se instalase en su corazón.

Ella le sonrió mientras se acercaba. Siempre había una sonrisa para él. Cómo si verlo llegar fuera siempre un inesperado placer. Que embriagante era la sensación de ser así importante en la vida de alguien. En la vida de ella. Impagable, pensó, mientras acercaba su boca a la de ella. Un beso suave, no invasivo pero lleno de emoción. Se separó por un momento y la miró a los ojos, la acercó a él por un instante y la besó nuevamente. La trajo de vuelta a su mundo, se dijo, mientras se alejó desganadamente de ella. Estaba con él, y su mirada cambió, había placer y pasión en ella. No importa cuanto lejos estés de mí, pensó él, siempre voy a encontrar el modo de traerte de vuelta a mi mundo, a nuestro mundo. Había también cosas malas en este mundo, pero al menos se tenían el uno al otro. Lucharían juntos con amor y esperanza por un futuro mejor. Ya de por sí, el presente era un regalo maravilloso.

Respira…

La quietud es increíble. Es como si pudiera escuchar mis pensamientos y en el mundo no existiera nada mas. Que paz. Quizás así debería ser siempre.Quizás no, pero esos minutos, inmensos en su calidad ,logran que el alma y el pensamiento reposen. Un bálsamo contra la frenética actividad y movimiento del mundo. Ese continuo existir sin pausa y sin real reposo.

Esa espera antes del amanecer, cuando todo esta todavía oscuro y silencioso, es la que necesitamos para respirar, para ser uno mismo junto con el universo. Después de vivir estos momentos se afronta el día con una renovada energía y una nueva conciencia de si mismo, tan necesaria para no perderse en un mundo que te obliga a homologarte a los demás, tanto en tus necesidades como en tus sueños.

Respira y siente en tu interior esos momentos antes que el día inicie y ponte en sincronía contigo mismo. Es el mejor regalo que puedas hacer a ti mismo y al mundo.

Amaneciendo

Levantarse temprano a la mañana tiene su lado positivo. La quietud y la oscuridad me tranquilizan. No hay casi ruido, el bullicio está lejos de mi mente.
No es que sea una opción para mí, mi cuerpo dice basta sueño a un cierto punto y después ya resulta un trabajo de voluntad el intentar dormir un poco más. Hay veces que logro conseguir media hora más de sueño, pero a este punto me pregunto si no tendría que respetar el ritmo natural de mi cuerpo en vez de luchar contra él.
Levanto la cortina y veo afuera el piso mojado, por la humedad o por la lluvia. No hay ningún movimiento ya que la ciudad está todavía durmiendo y eso, de una extraña manera, me hace sentir en control. Es difícil de explicar. A esas primeras horas soy yo, no hay ninguna contaminación humana. Solo yo y mi mente somnolienta.
Quizás después de todo levantarme temprano sea una bendición disfrazada. Un regalo inesperado

La soledad de la perfección

No quiero ser negativa. Quisiera ser siempre el tipo de persona que ve lo positivo en cada situación. Lucho cada día para ser así. No siempre lo logro. Hay momentos que necesito vivir lo mal que me siento, hasta en mis propios huesos. Necesito sentir ese dolor profundamente hasta casi ya no sentirlo.

Cansa poner una máscara ante tí mismo todo el tiempo. Asumir la propia condición y mirarse de frente y reconocer que no somos el héroe que quisiéramos ser. Somos humanos y hasta veces miserables. Muchas veces no tenemos compasión ni siquiera de nosotros mismos. Esa compasión que tanto nos serviría. Decirnos, paciencia alma mía, hoy no es tu día más esplendoroso pero tampoco será tu día más oscuro. Paciencia, alma…Eres solo humano. Deja la perfección para las deidades.

Los puentes del desamor

Había creado docenas de puentes, intentado construir tantos modos de llegar a él. No por masoquismo sino porque veía que él estaba completamente incapacitado para hacerlo y veía (o mejor dicho sentía) su sufrimiento. Y sin medir medios continuó a construir esos puentes, pero las fuerzas después de un tiempo se acaban, el amor y la paciencia no son energías inagotables. Ella de repente se sintió exhausta, la fuerza la dejó y la tristeza la inundó. No había sido suficiente. Bajó los brazos y los puentes se cayeron. Quizás después de haber recuperado las fuerzas volvería a construirlos de nuevo, pero en otro lugar. O quizás habría un lugar para ella en donde no hubiera necesidad de construirlos.

Vivir Sin Miedo

Hay veces que creo que hay algo en mi pasado que no me puedo acordar, como si hubiera un velo delante de mi memoria que me impidiera ver una verdad oculta y oscura acerca de mi niñez .

En otros momentos pienso que tengo una imaginación fervorosa que intenta crear un trauma que explique ciertos elementos un tanto particulares de mi carácter y algunas elecciones peculiares.

Donde está la verdad me pregunto una y otra vez. El instinto me dice una cosa y la razón otra. Buscar una verdad alternativa que justifique el punto en el que estoy en mi vida puede resultar tentador porque llegar a inventar un trauma para justificar ciertas decisiones no es mas que cobardía moral.

Y que si la verdad residiera en ese recuerdo “no recordado” el cual estaría infundiendo temor al punto de suprimirlo casi al completo. Solo algunas sensaciones vagas cerca de ciertas personas y una inquietud que me invade haciéndome sentir “dañada”

Miedo es parte de la ecuación en cualquiera de las dos posibilidades. Miedo a engañarme y miedo a la verdad. Quizás nunca logre elucidar en donde reside la verdad pero hay una cosa que es importante y es la elección de vivir sin miedo, porque vivir es un acto continuo de valentia.

Egoísmo

Solamente tus necesidades cuentan y si digo que no a algo “estoy enferma no puedo” me respondes. Yo acá esperando un “comportamiento maternal “ algo que indique que estás pensando que esta hija tuya también está enferma (no una enfermedad crónica,ni dos sino cuatro) y merece que de vez en cuando la pongas primero. Ese egocentrismo unido al continuamente pasar por alto mi sufrimiento me empuja a replegarme y a pensar en lo que YO necesito. Cuando necesito una mano la respuesta es “no puedo,no estoy bien..no quiero” pero cuando yo te digo qué hay algo que no puedo hacer por vos “ sos egoísta, caprichosa , los cosas se tienen que hacer cuando queres vos..o sos mala” son algunas de tus respuestas. Tu dolor y padecimiento es válido y son motivaciones suficientes para no hacer algo, en cambio si lo digo yo, son faltas de carácter o morales. Sos mi madre sí, pero eso no te da el derecho a subestimar mi dolor. Instinto materno? Por favor..quien es egoísta va a continuar a ser egoísta aún teniendo hijos. El dolor (físico y emotivo) de tu hija tiene valor? Te duele mi sufrimiento? No,para nada. Aun así creo que me quieres. Lo sé. Me quieres del modo que sabes querer, o sea cuando no resulte una inconveniencia para vos misma..entonces todo lo demás está en segundo plano. No te sorprendan entonces que esos momentos en los cuáles me ponga en el primer lugar vayan aumentando. Respeto. Dignidad. Son más que palabras

La Verdad: una elección?

La verdad tiene un peso enorme pero algunas personas necesitan crear una alternativa imaginaria en donde las cosas se manifiestan en una forma asimilable. Quizás nazca de una sensibilidad ordinaria, un escape. Pero por más que se trate de huir, la verdad te alcanza, y si no llega a hacerlo, las consecuencias de ignorarla no te van a dejar escapatoria. La primera es una elección, la segunda es un castigo.

La insistencia no es siempre la respuesta correcta

No era tanto el dolor como la sensación de soledad y vacío. Si, era eso que la llenaba, el vacío. Había buscado ella esta relación, la había alimentado de sueños, sonrisas y ternura enfrentando así el escepticismo, la sobriedad y la dureza de él. Una lucha de voluntades así fuerte, así sin tregua, que la había dejado sin fuerzas. No solo no había ganado nada, pero quizás hubiera perdido hasta las ganas de amar. Apenas con fuerza para poder recoger los pedazos de su ser. Y para qué, se preguntaba sin cesar. ¿Cuál era el punto de tanto trabajo? Quizás era ese su estado natural, el estado en el que se suponía que ella debería estar. Luchar para poder dar a esa persona lo mejor de ella, y quizás él no hubiera necesitado lo mejor, sino también lo peor. Pero ¿porque lo que él necesitara tendría que ser más importante o tomar precedencia sobre lo que ella necesitaba? .Que triste cuando nuestro amor o nuestro modo de amar es ridiculizado y rechazado.

Dar ese amor que no había podido dar a nadie era más apremiante que el recibirlo. Y era eso exactamente lo que él había hecho. No la había dejado amarlo. Hubo momentos, si los hubo, en los que la armadura se resquebraba y ella lograba sentir y hacerle sentir amor, pero no fue suficiente…su amor no logró curar las heridas del pasado.

El continuaría su vida, quizás con alguna nostalgia por lo vivido, pero sería no a fuerza que su corazón se abriría, quizás un toque sutil lo lograría, quizás el toque de la persona justa. Y esa persona no era ella.

“Vivencias crónicas”

Proteger un espacio tuyo es más que alejar aquello que genera ansiedad o malestar físico mental o emocional. A veces hay que alejar personas que queremos, las cuales no se dan cuenta del efecto que producen, ya que no lo hacen con maldad ni can ganas de hacer daño, para ellos es y ha sido siempre su modo de relacionarse contigo.

Es el caso de mi hermana, con la cual tengo una muy buena relación y el hecho que sea charlatana ha sido siempre motivo de broma y risas. Su capacidad de hablar ininterrumpidamente y comenzar una nueva conversación apenas terminada otra fue siempre tomado por mi con calma y con benevolencia. Mi enfermedad cambió las cosas y va más allá de los síntomas y de mis dolencias. Una fuerte necesidad de proteger mi energía y mi bienestar general me hizo tomar medidas quizás demasiado rígidas.

Es fácil alejar personas dañinas y agresivas, no tardo mucho en hacerlo, pero me da mucha más pena hacerlo con ella ya que no se da cuenta lo que me genera el sostener conversaciones, muchas veces hasta triviales y algunas otras veces con fuerte contenido emotivo. Es cómo si me mente y cuerpo se aceleraran y no pudiera frenarlos, ya no estoy en control de mí misma y eso me trae insomnio, dolor y más fatiga de la usual. Puedo tardar días en recuperarme, en volver a ese centro en el que todo está más manejable. Los síntomas permanecen siempre, pero a un nivel en el que yo puedo funcionar, un difícil punto de equilibrio sin dudas.

Es difícil de explicar, pero aún asi he intentado de hacerlo con ella varias veces, porque la quiero y porque sé que su intención no es causar daño. Aun así, no lo entiende. El disminuir las cantidades de veces de hablarnos por teléfono (vivimos en diferentes continentes) y el disminuir la duración de las llamadas me ha ayudado a establecer ciertos limites en los cuales me puedo mover con más facilidad. Sé que para ella no es fácil reducir una llamada de una hora y media o dos a quince minutos o evitar tópicos a alto contenido emotivo. Tener que dar explicaciones una y otra vez acerca mis motivaciones han llevado a que me responda “con vos no se puede hablar…”, comentario de por sí hiriente. Sé que tiene una gran necesidad de comentar cada detalle de lo que le pasa y enteras conversaciones que tiene con otras personas y me gustaría poder escucharla, pero cuando me he puesto en esa situación he terminado siempre más nerviosa y con más sintomatología de la usual

No fue fácil correlacionar las dos cosas. Yo continuaba a hacer como hacia siempre aun cuando las cosas habían cambiado. Mucho antes de tener una confirmación medica sabía que había algo que no andaba bien y fue después de un par de años que me diagnosticaron diferentes enfermedades dolorosas y crónicas. No me daba cuenta de que tenía que cambiar mi forma de vivir y mi modo de relacionarme, pero después de hacer un arduo trabajo en mí misma renuncié a cosas y situaciones que me causaban daño. Ahora me siento más serena y puedo manejar mi día a día con mas tranquilidad. Aun así, es difícil deshacerse del sentimiento que le estoy fallando a una persona que quiero.

Destrucción y Creación

Cómo me gusta el viento. Soplando suavemente y arrastrando las hojas de los arboles. O soplando fuertemente, demandando tu inmediata atención. ¿Hay algo de salvaje e indómito en el no? No puede ser controlado por ningún modo. ¿Cuál es su función? ¿Tiene una función? Lo que sí provoca es sensaciones. Emociones que se despiertan en un santiamén. ¿Hay algo de racional en nuestra relación con él? Quizás solo sea que presentimos en él nuestra fuerza, nuestra indomabilidad, nuestra innata capacidad de revelarnos a todo y arrasar con lo que se encuentre a nuestro alcance. Fortaleza y destrucción. Hay veces que en nuestras vidas es necesario un reinventarse y para lograr eso necesitamos destruir lo que había antes. Esa característica es la que me fascina acerca del viento, fuerza destructora y creadora a la vez. Nada es azar en la naturaleza, todo tiene una razón de existir, incluidos nosotros, observadores directos del milagro de la natura.

Ilusión

Cómo es linda la tranquilidad de la soledad. Encontrar ese momento en el que te descubres a ti mismo. Un estado de animo para explorarse, para aprender y sentirse libre de ser todo y nada al mismo tiempo. Refugiarse en un libro o en observar la naturaleza, sentir la frescura del agua deslizándose por el cuerpo. Sentir, ser, pensar, observar y pasar a otra cosa. Deslizándose en cada momento sin ataduras. La libertad de sentir la vida en la piel, sin que nadie te diga o presione para ser la imagen de lo que quieren que seas. El ser está dotado de una libertad infinita y elusiva de la cual raramente hace uso. Estamos contaminados de las situaciones mundanas. Pero hay momentos fugaces en que el alma siente su grandeza, su enorme potencia que está encerrada en un ser finito y aún así consigue librarse de las ataduras que la tienen amarrada al suelo, y vuela. Momentos pequeños y muy grandes a la vez que nos permiten aterrizar de nuevo en suelo seguro. Pero el alma una vez más nos habla y aunque su voz sea solo un murmullo, nos dice “Vuela alto amigo, la tierra es solo una ilusión…”

Anhelos Fugaces

Esta no es una historia de amor. No es una historia de odios tampoco. Una existencia tranquila, monótona quizás. Cuantas posibles historias habían quedado en el tintero, sin terminar a veces, apenas comenzadas otras. El coraje de seguir un rumbo hasta el final no era para ella. No había finales, pero si muchos inicios. Elegir un camino implica descartar todos los demás, una elección presume una renuncia a otras posibilidades. No, no tenía la valentía necesaria para hacerlo. Finales abiertos que se van esfumando poco a poco y que casi no se sienten como tales. Y aun así había logrado tomar decisiones drásticas y abruptas cortando con todo lo que le impediría llegar a otro destino. Pero había momentos como estos en los que la melancolía la envolvía. El presente era todo lo que tenía e infinitos momentos fugaces que ciertas veces su alma anhelaba con fervor, pero todo pasa, el amor, el odio y también la melancolía. Mejor no aferrarse a nada y continuar a volar donde el viento la lleve.

Palabras nada más

Cuantas veces lo había mirado a los ojos esperando encontrar allí la respuesta tanto anhelada. Él le sonreía y estaba de nuevo al punto de inicio. Sus acciones y la ternura con la que gradualmente venía impregnado cada gesto la desarmaban. Pero todavía faltaba algo. Dos palabras. Dos sencillas palabras con las cuales soñaba.Quizás mañana, se decía a sí misma.

Y el  mañana llegaba, y también se iba. Siempre ahí en lo recóndito de su corazón estaba ese deseo aún no completamente satisfecho. ¿Esas dos palabras conseguirían hacerlo?No tenía respuesta a esa pregunta, al menos no por ahora.

¿Estaba buscando una razón para no ser completamente feliz? ¿Ser completamente feliz era una quimera? ¿No podría bastar la demostración cotidiana de amor, deseo y respeto que se tenían? ¿Eran en serio tan importantes esas dos palabras?

La Tormenta

Ella no se daba cuenta del efecto que tenía en él. Estaba feliz de estar juntos y se alegraba de amanecer al lado de ella, pero se negaba firmemente a dejarle ver cuanto la necesitaba. No era por orgullo, o quizás sí,pero él que siempre pisaba fuerte ahora se sentía inseguro de compartir sus sentimientos. No tenía dudas de que ella sentía lo mismo que él, pero era como una especie de derrota admitir que estaba loco por ella y que nada ni nadie en su vida había tenido tanto peso en su corazón.

Quizás el punto era que había creado su vida con el único propósito de no necesitar a nadie. Una autonomía personal y emocional que lo resguardaban del sentimiento de abandono que albergaba desde niño. Había tenido un par de relaciones estables que con el tiempo lo habían aburrido y en las que su corazón nunca había sido expuesto. Alguna que otra relación casual, pero al final siempre sacaba la conclusión que quizás estar en pareja no era para él.

Y entonces Ella llegó. De repente, pero a la vez suavemente. Su calma no era sinónimo de debilidad y su continua presencia desde aquél momento en el que se encontraron sus miradas hablaban de una firme resolución a tenerlo en su vida. Sus miradas luminosas, ese modo de sonreír que lo habían enceguecido hasta el punto en que tuvo que rendirse a la evidencia.

Ser honesto y admitir ante ella que sus sentimientos eran correspondidos era algo que le causaba terror. Si, terror era lo que sentía.Podría perderla y entonces que sucedería. Esa vida que se había construido con mucho sacrificio y tenacidad y la cual le había dado grandes satisfacciones personales, de repente no valdría nada si ella no estaría allí a compartirlo todo con él. El enorme vacío que sintió en sus tiernos años cuando fue abandonado por sus padres, volvería con fuerza y llenaría su vida de soledad otra vez. Se había prometido no necesitar nada ni a nadie para vivir desde entonces.

Hasta este momento no se había dado cuenta que lo que él había hecho hasta ahora era sobrevivir, no vivir, Con ella había aprendido a vivir en plenitud, en serenidad sabiendo que ella estaría allí, en la casa que había transformado en un hogar para los dos. Admitirlo sería cómo darle el puñal porel mango, darle la llave para destruirlo.

Esta noche la miraba dormir plácidamente en sus brazos y la duda lo atormentaba. De repente ella le tomó la mano en sueños y entrelazó sus dedos con los suyos y así suavemente alejó las dudas que nublaban su mente ycorazón y en ese instante él obtuvo su respuesta. Amor y Esperanza son la misma cosa, no pueden existir separados, tal cual como ellos dos. Cerró sus ojos y la tormenta ya había pasado.

Ansiedad

Cada vez que enfrentaba un problema tenía que imponerse el desmenuzarlo en pequeñas partes o pasos que fueran a su alcance el poder resolver. La ansiedad se disfrazaba de un sentido de responsabilidad y de eficiencia. No podían notar el nerviosismo ya que era algo que no dejaba ver. Su orgullo la privaba de expresarse y demostrar lo que verdaderamente sentía. La máscara que llevaba escondía una gran necesidad de que las cosas fueran perfectas o manejables, no perder el control de las situaciones que día a día se presentaban.

El problema residía en que no siempre podía solucionarlas cosas a ese modo. La vida muchas veces te pone en situaciones repentinas,diferentes y con una solución fuera de tus posibilidades o peor, sin solución.Es en ese momento en que su ansiedad se mostraba desnuda. El miedo estaba cercano,el fracasar era una culpa imperdonable y había que evitarlo de cualquier modo,que ese modo sea destructivo y doloroso era algo que no muchos notarían, pero la estaba hundiendo en ese mar de desesperación en el que diariamente le resultaba más difícil respirar. No vivir, respirar. No es nada, ya va a pasar,es un poco de estrés el que tiene, decían muchos. No podían imaginar el infierno en el que vivía y era un infierno del que no podía salir ya que ni siquiera se daba cuenta de estar viviendo allí. Era su normalidad. Una normalidad del que no podría salir sin ayuda, sin unos ojos y un corazón que supieran ver más allá de la superficie viendo el dolor y la desesperación allí escondidos. Una mano de ayuda al que sufre siempre es una buena idea, hoy y siempre. ¿Alguien lo notaría y le ofrecería la suya?

Nada más que celos…

Cómo podía explicar lo que sentía en este momento. Estaba herida de la indiferencia a su dolor. Para él era una estupidez, eran solo celos o inseguridad en sí misma. Cuanto odiaba sentirse así vulnerable, fácil de herir. El mantenía la calma cómo si su enojo y dolor no lo tocaran. ¿No veía que sufría? ¿No le importaba acaso? Su frialdad la lastimaba más que el hecho mismo. Si se hubiera acercado a ella y le hubiera ofrecido palabras de conforto la situación habría sido diferente. Llevaba una angustia en su corazón que le impedía respirar, se sentía ahogar. Era su amor lo que ella pretendía, desde el primer día era todo lo que quería. Si solo él hubiera mostrado más sensibilidad hacia sus vulnerabilidades.

Era el pasado de él, de lo que ella estaba celosa, pero era un pasado que el defendía y al no admitir réplica ni justificaciones, la dejaba afuera. Sin ningún derecho a sentirse traicionada. Acaso el no entendía que así ella se había sentido toda la vida.

Afuera. Siempre se sintió excluida, desde sus recuerdos de la infancia hasta su adolescencia y madurez. Nunca había logrado sentirse incluida, y lo que más ansiaba, de lo que más tenía necesidad era pertenecer, pertenecer a él, y que él le diera un lugar especial en su vida. Pero no, él se negaba a darle la razón o a ofrecerle consuelo. Eran tonterías, detalles sin importancia. Lo que él no sabía es que el amor está lleno de tonterías y detalles que hacen madurar y fortalecer el vínculo entre dos vidas, y que al descuidarlas o restarle importancia lo único que lograría hacer es destruir el amor de su vida, y desde ese punto, ya no habría marcha atrás.

El dolor invisible

No era una cuestión de orgullo, era una cuestión de dignidad. Su dolor era privado, personal. Era quizás la parte mas genuina de su carácter y quizás la mas renuente a ser cambiada por la vida misma. ¿Quién era ella sin su dolor? Si había una respuesta a esa pregunta todavía no la sabía. En un rincón oscuro, en una pequeña habitación con la poca compañía de cosas efímeras, ahí ella sufría y sufría así tanto que muchas veces ni siquiera se daba cuenta de estar sufriendo.
Un día, hace pocos años se encontraba haciendo las tareas de la casa hasta que terminó con arreglando la cama y mientras acomodaba las mantas vio que caía gotas de agua sobre la cama, instintivamente miró el techo, pero no, no era el techo, eran lágrima que caían de su rostro, sorprendida porque su mente no estaba en ningún recuerdo triste. Hoy al recordar tal hecho comprendió que ese dolor que estaba amordazado, en un ímpetu rebelde hizo llenar los ojos de esas lagrimas que por mucho tiempo no se quisieron derramar. Y los ojos fueron tramite de esa rebelión, de ese sufrimiento que no quería ser ya sofocado.
Todavía no entendía si ese día había despertado su fuerza o su debilidad. Probablemente esta era una de las tantas preguntas sin respuestas. Igualmente, a este punto de su vida no la atormentaba el no tener respuestas. Había aprendido a continuar caminando sin ellas y con el dolor como eterna compañía.
Lo que muchos no entendían era que el dolor no era su enemigo, ella con mucho esfuerzo entabló una especie de tregua y hasta veces de amistad con él. Pero había ocasiones en que él se rebelaba y tomaba control de todo su ser y en esos momentos ella no luchaba, dejaba fluir por sus venas el sufrimiento y esperaba pacientemente por su fin. En las mañanas cuando todo es nuevo, ella despertaba, su cuerpo exhausto y adolorido, los ojos se abrían con lentitud y con gran dificultad. Se sentaba en la cama tratando de levantarse mientras sus miembros se resistían al movimiento.
Prepararse un café, levantar las cortinas, dejar entrar el sol y que él la llene de su luminosidad cómo ayer la luna la había llenado de penumbra y dolor. Nada en su semblante demostraba la lucha que no había combatido y el dolor que todavía sentía en sus huesos y que la acompañaría durante el día.
Fuerza, debilidad, amigo, enemigo…no tenia importancia ya. El dolor ya era parte de su ser y como tal era aceptado. Ahí estaría hasta el último día, indomable abriéndose paso sin permiso, sin necesidad de pedirlo ya que es su casa en la que vive

Inevitable Invierno

Es increíble la cantidad de tensión que acumulo. No me doy cuenta que mi cuerpo se tensa y los músculos me empiezan a doler. En el momento no siento el malestar, en más siento más energía, pero cuando la situación paso me siento como una piltrafa humana. Tendría que administrar mejor mis fuerzas ,pero es que no lo puedo evitar en ciertas ocasiones. La tensión se acumula y después me drena de toda energía. No es sólo físico sino también mental. Me sucede que cuando estoy en reuniones familiares o de amigos me siento bien en el momento pero después siento como una especie de sobre estimulación y mi cuerpo no puedo descansar, tendría que desenchufarme,sacarme la batería o lo que sea, pero no logro fácilmente relajarme después y generalmente no descanso bien. Y eso que me gusta estar en compañía pero es que son mi cuerpo y mente que no lo soportan. No puedo lograr un equilibrio.Es algo que me di cuenta recientemente y seguramente está legado a mi estado de salud y a la condición de mi enfermedad crónica. Las medicinas no son siempre eficaces y es entonces en este pinto en el que yo debo tomar las riendas y analizar que es lo que mi ser puede y no puede soportar.

Desearía que mi vida fuera la de antes. Sol,playa y música. Amigas,salidas y todas las cosas que hacía. Me gustaría que mi vida tuviera la vitalidad del verano. Sin embargo soy invierno, frío y bruma,hosquedad y soledad. Me debo resignar a que mi verano ya ha pasado.?